Por: Dora Medina

En la vida del grupo familiar, si queremos una convivencia que nos ayude a todos a vivir, deben existir normas claras, basadas en los valores, que nos hagan parte de una disciplina y sea de utilidad para toda la familia. Las normas de disciplina son necesarias y desde los primeros años deben establecerse límites con los hijos.

La familia debe establecer criterios y normas desde  cuando el niño es pequeño. Estas normas se deben ir modificando y adecuando de acuerdo con la edad y a medida que el niño crece se debe ir teniendo en cuenta su opinión, de forma progresiva, de tal manera que en el pre adolescente y adolescente se establecen mediante el diálogo y se llegue a acuerdos o negociaciones que se deben cumplir.

La autoridad familiar se basa en el establecimiento y el respeto por los derechos y deberes del niño y de los padres mediante la reflexión y la educación. Nunca debemos hacer uso de la fuerza, ya se física (golpes, zarandeo); emocional (insulto, soborno, intimidación, culpa, amenaza); social ni económica. Debemos emplear, más bien, el diálogo, basado en el respeto mutuo para tener unas relaciones familiares armoniosas, amorosas y en las que haya respeto por las opiniones.

Los valores, las normas y los límites enseñan al niño lo que debe hacer  y también por qué debe hacerlo. En el proceso de construcción de la disciplina debemos recordar que autoridad significa sostener para crecer. El ejemplo es la esencia fundamental en la educación de los hijos: el niño aprende del modelo que los padres le brindan.

Es necesario que así como los padres orientamos y tomamos medidas disciplinarias, reconozcamos y estimulemos la buena conducta de nuestros hijos. Esta pauta debe mantenerse a lo largo de la crianza, ya que este tipo de reforzamiento alienta a los niños a seguir aprendiendo el comportamiento adecuado.

Si hay violencia en la familia, el hijo puede asumir una conducta violenta o sumisa. Un hijo necesita atención y si no la logra portándose en forma positiva y deseable tratará de encontrarla portándose de manera indeseable. El estimulo mantiene al niño en el camino correcto y permite una crianza más fácil y productiva.

Los padres debemos despojarnos de dos mitos: que poner normas traumatiza al niño y que es necesario golpearlo para que obedezca. Estas dos creencias son erradas. Debemos ofrecer a los niños oportunidades para decidir como cumplir las normas: esa libertad para que se sientan tenidos en cuentas y estén mas motivados a cumplirlas.

La firmeza de la autoridad se basa en la consistencia, es decir, en respaldar las palabras con hechos, en mantener una comunicación clara y establecer reglas de juego. Los padres debemos resistir los ataques a la autoridad que hacen los niños desde muy pequeños, tales como las pataletas o los berrinches, los cuestionamientos y el llamado “A mí que me importa”, o las conductas de desafío y manipulación.

Es indispensable que antes las normas disciplinarias los dos padres estén de acuerdo, que no se contradigan ni desautoricen entre ellos. Dichas medidas deben tener algunas características:

Es necesario confiar en el niño, por lo que no es conveniente anticiparle la sanción.

Debemos sancionar con medidas que se puedan cumplir.

Las sanciones deben dirigirse a los privilegios no a los derechos.

Para tomar una decisión es conveniente esperar a que el estado emocional del niño no esté en un tono alto, es decir, que no haya rabia, dolor o miedo.

La sanción debe cuestionar el hecho, no atacar el niño.

Toda sanción debe aumentar la autoestima en el niño y nuca disminuirla.

Nuca se debe comparar con otros niños.

Las faltas de nuestros hijos nos deben llevar a reflexionar y a preguntarnos; ¿estaremos fallando en el ejemplo?

Cuando el niño tenga una conducta inadecuada que se sale de control, como los berrinches, los padres debemos asumir una actitud que no refuerce estos comportamientos: dejarlo que termine de llorar y no darle el objeto o cumplir el deseo por el cual está gritando.

Los padres podemos emplear algunas de las siguientes medidas disciplinarias:

El diálogo sincero, que lleve a la reflexión con el niño.

La amonestación. que debe hacerse en privado, sin avergonzarlo.

Quitar privilegios, sin quitar los derechos.

Reforzar positivamente comportamientos agradables, como decir: Sales con tus amigos cuando hayas arreglado tu cuarto.

Diálogo y reflexión, para que él mismo presente alternativas para reparar la falta.

Comprometámonos y Evaluemos

Si el niño entiende los valores y el sentido de la norma obedece más fácilmente; por lo tanto, siempre debemos explicarle.

Hablemos entre nosotros acerca de las normas y límites que debemos considerar en nuestro hijo, y de los criterios que establecen estas normas.

Seamos firmes y mantengamos las calma cuando el niño posiblemente haya cometido una falta.

Seamos consistentes frente a nuestros hijos: que nuestras palabras estén sustentadas con ejemplos.

Si nos hemos equivocado hablemos con nuestro hijo y presentémosle disculpas.

Conversemos claramente con nuestro hijo y asegurémonos de decirle de manera sencilla lo que esperamos de él. Cuando entienda el motivo de una regla estará más animado a cumplirla.

No sancionemos con maltrato físico, verbal o emocional como insultos, gritos, amenazas, chantajes u otros.

Para ver el artículo completo visita: http://elarte-ladisciplinaconamor.blogspot.com

 

 

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