Matrimonio infantil

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Por Manuel Hernández Villeta

La campaña nacional e internacional en contra del matrimonio infantil, debe ser apoyada por todos los ciudadanos. La Organización de las Naciones Unidas ha logrado grandes avances  en Africa, Asia y otras regiones, donde el matrimonio infantil es tradicional y de castas.

En ocasiones a la niña al nacer se le endosa un marido, y luego los enlaces se llevan a a cabo sin que los contrayentes se conozcan. Además, ese matrimonio infantil troncha la vida de la niña.

Pero se deben hacer precisiones en el ambiente local. En la República Dominicana se tiene la tradición de copiar parámetros extranjeros, sin tomar en cuenta  las variantes propias de aquí. Pasó con el Código Penal, en aspectos constitucionales, y en la lucha por la institucionalidad.

En la República Dominicana el principal problema con la niñez y la adolescencia no es el matrimonio infantil. De hecho, el matrimonio y el concubinato  están en crisis en sus aspectos tradicionales, y solo hay que ver la gran cantidad de madres solteras.

Hablar únicamente de matrimonio infantil, es presentar una parte minúscula del drama, sin ir al fondo de la desgracia de la niñez. El principal problema de las niñas y adolescentes dominicanas es el embarazo prematuro. Niñas que pasan a  ser madres solteras, sin compañeros ni padres de sus hijos.

La exclusión social y económica son los que más inciden en los embarazos de menores. Las niñas embarazadas son abandonadas a su suerte,  y agigantan  el círculo de la miseria y el abandono, en hogares destruidos y carcomidos por el hambre, la miseria y la promiscuidad.

Organismos representativos  de la sociedad,  que abogan por la prohibición del matrimonio infantil, son indolentes y le dan las espaldas al drama de los embarazos de menores. Tienen oídos sordos cuando en las escuelas y colegios suspenden o expulsan a las chicas que quedan embarazadas.

Hay adolescentes que tienen relaciones sexuales prematuras, porque venden su virtud a cambio de un pica-pollo, o son violadas por amigos, vecinos y familiares en el círculo de promiscuidad que hay en los patios donde habitan.

Hay que luchar para evitar el matrimonio infantil, pero el grave problema de la República Dominicana son las menores embarazadas y su carga de abandono  social y económico.  Hay que cerrar las diferencias económicas, que son en definitiva las que provocan estas graves y lacerantes distorsiones sociales. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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