Reactivación de la economía podría aumentar contagios de COVID-19

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Por Danilo Cruz Pichardo

Preocupa la fragilidad de las medidas preventidas dispuestas por las autoridades y que la ciudadanía no la acaten.

El proceso de normalización de las actividades en la República Dominicana podría evitar el colapso económico. En dos meses de inactividad, las pequeñas, medianas y grandes empresas registraron pérdidas incalculables, lo que provocó un despido sin precedentes de empleados. Ni hablar de los trabajadores informales, los cuales viven del día a día. Nuestra economía no podía seguir paralizada, pues si no nos mataba el coronavirus nos mataría el hambre en una mayor proporción.

Sin embargo, las posibilidades de un incremento de contagio, ante la epidemia del nuevo coronavirus, son elevadas, por lo que las personas tienen que exhibir prudencia mediante la toma de medidas preventivas, tales como el distanciamiento, el lavado frecuente de manos y la protección permanente con mascarilla de calidad. Y, además, salir a la calle sólo cuando las circunstancias lo requieran, es decir, por necesidad.

Las precauciones requieren ser mayores en personas que se hallan en el grupo de alto riesgo, por razones de edad y por el padecimiento de una o varias patologías. En sentido general, todo el que pueda estar aislado el mayor tiempo posible que lo esté, pues no se trata de un problema que se resuelve con disposiciones gubernamentales.

La historia nos habla de la Gripe Española, tan contagiosa como el coronavirus. Con esa gripe mortal también se tomaron medidas de confinamiento y la gente se cansaba de estar en la casa. Se habla de una protesta en las calles, en contra de la permanencia en casa, registrada en Filadelfia en septiembre de 1918, en la que participaron unas 200 mil personas. ¿Cuál fue el resultado 72 horas después? Todas las camas de los 31 hospitales estuvieron ocupadas y unas 4,500 personas murieron en pocos días.

Por lo que he visto en nuestro país, con las calles llena de personas, con el Metro y otros medios de transporte en los que no hay distanciamiento, es para pensar que podría producirse un rebote significativo de contagios, pues se inició un desmonte de cuarentena sin el debido distanciamiento. Ese desmonte demanda de campañas educativas por todos los medios de comunicación, como forma de concienciar a la población.

Al momento de escribir estas líneas se reportaban aumento de coronavirus en San Francisco de Macorís y en Santiago, pero lo propio debería de estar ocurriendo en las demás provincias del país. La gente no acaba de entender que el nuevo coronavirus no tiene medicina y que la única forma de contrarrestarlo es mediante el aislamiento o, en su defecto, guardando el debido distanciamiento entre las personas.

Países como Chile, Alemania e Inglaterra, cuyos habitantes tienen mayor grado educacional y de conciencia que la población dominicana, iniciaron la reanudación de las actividades generales y, dado el enorme crecimiento de la epidemia, tuvieron que dar marcha atrás y empezar de cero nuevamente.

Ningún país ha mostrado éxito en el enfrentamiento de la epidemia y las grandes potencias, posiblemente, han sido la mayor afectadas. Se trata de una patología de la cual se sabe muy poco, aunque ya China anuncia tener una medicina que cura el coronavirus. Anuncios similares podrían estar haciendo otras naciones desarrolladas, pues se ha puesto gran interés en la investigación médica respecto a esta patología.

Sin embargo, la comercialización de un fármaco como terapia a este problema sanitario podría tomarse lo que resta de año (un tiempo récord), por lo que la prevención sigue siendo la manera indicada por epidemiólogos e infectólogos en el ámbito universal.

El nuevo coronavirus constituye una tragedia mundial, con la agravante de que no contamos con fechas específicas en cuanto al fin de este problema. Hay quienes creen, inclusive, que podría ser una enfermedad que llegó para quedarse, es decir, endémica, aunque no hay una conclusión definitiva al respecto.

Se dice que República Dominicana tiene la ventaja de contar con una población eminentemente joven, razón por la que hasta la fecha el número de muertes no ha sido mayor.

Pero con el levantamiento gradual de las medidas de recogimiento y la normalización de las actividades cotidianas, sin tomar las medidas precautorias correspondientes, como campañas educativas por los medios de comunicación social y garantía de distanciamiento en todos los lugares, podríamos ver incrementar los contagios e inclusive vernos en la obligación de dar marcha atrás.

Hay quienes sostienen, empero, que tenemos que acostumbrarnos a convivir con la enfermedad, independientemente de la impredecible cantidad de personas que pueden perder la vida. La vida también depende mucho de lo económico, por lo que estamos en presencia de un dilema antre la preservación de la vida mediante el aislamiento y la preservación de la economía, la cual garantiza la sobrevivencia de nuestros conciudadanos.

Se impone la sensatez y el buen juicio. La economía hay que reactivarla, pero con el mínimo de personas requeridas y siempre guardando el debido distanciamiento, de manera que enfrentemos el reto del coronavirus procurando el menor daño posible.

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