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Sat, Jul

El “periodista robot” y el “periodista humano”

Reportaje
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Por Miguel Franjul

Hay un vivo debate en los medios de comunicación, acerca del probable impacto que pudieran tener en el futuro los robots y otras aplicaciones de la inteligencia artificial en el manejo y difusión de las noticias.

Uno de los temores es que la identidad del periodista profesional y las reglas éticas que predominan en su ejercicio como comunicador pudieran ser drásticamente alteradas en el momento en que sean las máquinas, debidamente programadas por algoritmos tecnológicos, las que procesen, empaquen y difundan las noticias.

Si bien el uso de estos “bots” en algunos medios digitales ha servido para recoger y organizar datos de competencias electorales, deportivas y de otra índole de manera más expedita de la que pudieran hacerlo los humanos, emerge el dilema de si estas tecnologías son capaces de trasmitir una verdad o una realidad confiable.

En el reciente Foro Mundial de la Multimedia, en Alemania, este fue el tema que dominó los debates. No solo se examinaron las posibles ventajas de las modernas tecnologías de la comunicación en el campo del periodismo sino el efecto sustitutivo que éstas puedan provocar en las plantillas de los medios impresos y digitales.

Y más que por sustituir o prescindir del recurso humano, formado, como ya he dicho, en premisas éticas y en una estricta sujeción a la comprobación de los hechos y a la búsqueda de la pluralidad de opiniones e informaciones para contextualizarlos, el temor es que desaparezca el espíritu crítico que permita distinguir la naturaleza o realidad de los hechos, lo que solo se consigue mediante la creatividad o la inteligencia humana.

El periodista humano, no robot, es el que sale a la calle, entrevista, observa, escudriña en sus fuentes y plasma estas vivencias en una crónica o reportaje y ofrece un contenido veraz y comprobable.

La máquina no es capaz todavía de sustituir ese cerebro, porque no tiene como fabricar los elementos químicos y neuronales que constituyen la inteligencia humana, al menos para el caso de informar en función de los intereses primarios de la sociedad.

Aún cuando la tecnología moderna ha sido capaz de crear voces, procesar fotos e imágenes vivas en diferentes dimensiones, agrupar datos y hasta permitir que algunas herramientas “conversen” con los usuarios de los medios, la intermediación humana del periodista profesional siempre será una garantía de confiabilidad.

Bajo la cultura moderna en la que vivimos, donde lo real y lo virtual se entroncan, a menudo se hace difícil distinguir la verdad de la mentira.

Las tecnologías han aportado mecanismos, muy eficaces por cierto, como los “fast-cheking”, para detectar noticias falsas e imágenes traqueadas, pero al mismo tiempo han logrado acomodar o manipular la realidad mediante imágenes compuestas que permiten colocar un rostro humano en el de otro personaje y añadirle voz.

La primera conclusión que han extraído los participantes en el foro de Alemania es que, si bien la prensa y la sociedad en general tendrán que coexistir con estas revolucionarias herramientas, no deja de ser cierto que, en cualquier circunstancia, los periodistas humanos serán más necesarios que nunca.

Así lo creo yo también.

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