Por  ANDRES L. MATEO

A Leonel Fernández

En el que es quizás el mejor libro de la historia cotidiana del pueblo dominicano,   mitad sociología histórica y mitad antropología; que Harry Hoetink llamó  “El pueblo dominicano: 1850-1900”, se habla de un rasgo de la identidad del dominicano que él denomina “La ideología del heroísmo “. Según Hoetink ningún liderazgo en nuestra historia se sostiene si el “líder” no encarna un modelo heroico. No es posible concebir ningún liderazgo auténtico si la imagen del “líder” sucumbe bajo la cobardía. Concebir que el sentido común de los filósofos gobierna esta idea del liderazgo sería un grave error, pero lo que sí queda claro es que nuestra historia particular crucifica a quienes, haciéndose pasar por “grandes líderes”, no son capaces de asumir los sacrificios y las durezas que se derivan de ello.

Por J.C. Malone

Hillary y Donald Trump tienen retos comunes, ambos deben unificar a sus partidos detrás de sus propuestas y reducir la altísima tasa de rechazo que tienen.

Nueva York.-Tras 25 años en las primeras planas mundiales, Hillary Clinton es una las figuras mas conocidas del planeta. Primero fue primera dama, luego primera senadora de Nueva York, un estado donde nunca había vivido, ahora pretende ser la primera mujer presidenta de los Estados Unidos.

Por Juan Bolívar Díaz

Y no faltan los que no se atreven a transparentar su prejuicio de que es "demasiado prieto" para ser arzobispo capitalino, aunque un estudio científico acaba de indicar que el dominicano promedio tiene un 49 por ciento de ADN de ancestros africanos.

Permítaseme tomar prestado el título de la constitución pastoral del Concilio vaticano II, Gaudium et Spes, que se traduce como alegría y esperanza, para celebrar la designación de monseñor Francisco Ozoria como nuevo Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, expresión de la coherencia entre los actos y la visión pastoral del Papa Francisco.

Por Orlando Gil

ENTRE ELLOS.- Los partidos pequeños, en vez de forzar la puerta e intentar entrar a la mala al Diálogo de Agripino, debieran reunirse por su lado y acordar entre sus intereses. Se supone que los grandes discuten cosas grandes, y los pequeños, si debaten, será de cosas pequeñas. Por ejemplo, averiguar por qué en cada ocasión se encogen. El PLD aumentó su votación, pero sus aliados satélites la bajaron. El punto ninguno lo habla en público, pero sí en conversaciones privadas, e incluso con simples observadores de la situación y no protagonistas de la política. Doble cara, simulación al pie del patíbulo. Si no saben cómo se crece, nunca crecerán, y siendo pequeños, víctimas de los grandes. No tienen delegados en las mesas, nadie defiende su votación, y el resultado dependerá de la generosidad de sus amigos. Los amigos, sin embargo, son escasos en elecciones, y el vaciado es una tentación difícil de superar. Si se sientan a la mesa de los grandes, tendrá que pasárselas agachados, recogiendo las migajas que caen, pues al plato principal nunca no accederán…