Por Yovanny A. Díaz M. 

Entre los retos de la administración pública para este siglo XXI hay uno que se caracteriza por la deshumanización de los servidores públicos y que los va convirtiendo en meros operadores de sistemas informáticos, quienes ante la imposición a ciegas de cumplir los dictámenes de un programa, olvidan que son ellos quienes lo operan y no lo contrario. 

Desde mi época de universitario he sufrido la famosa excusa con el “se frisó, se cayó o no hay sistema, el sistema no me lo permite o lo cobra automático, el sistema no refleja su pago o su expediente” y muchos más que sé que te habrán dicho y que ninguno ha sido en beneficio de los ciudadanos. 

Por el Senador Rev. Ruben Diaz 

“Yo deseo dar gracias a la comunidad evangélica, y les voy a decir porque, el repaldo que ellos me han dado, y no estoy seguro que me lo merezco, ha sido increible y es una de las razones más grande del porque yo he llegado hasta aqui esta noche.  Ellos, los evangélicos han contribuido mucho a nuestra agenda pública.” 

Usted debe saber que esas fueron las palabras de Donald Trump, durante su discurso de aceptación como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, ante millones y millones de televidentes a travez no solo de los Estados Unidos, sino que a travez del mundo entero.

Por Gnosis Rivera

¡Yo me resisto! Me niego a conformarme con lo que ocurre. En lo personal, lo único que me ha salvado son las utopías. Por ellas veo escuelas de arte en todos lados, veo centros de psicología comunitaria.

Me hace gracia imaginar la utopía como a una chica grácil y atractiva, que nunca envejece y que te mira con una sonrisa a medio construir, de esas que invitan a reírte aunque no tengas claro del porqué te ríes.

Por Andrés L. Mateo

Soy un espectador sentado frente al televisor, he visto solo una lengua de fuego inflamando la noche en la distancia, y pequeñitos seres que se mueven como bombillitos de navidad.

Creo que fue Heidegger quien habló de “la realidad humana”, asumiendo un concepto que la filosofía existencialista problematizaría muchos años después. “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”-diría luego Jean Paul Sartre- saltando el cerco de la razón y bordeando lo que en Heidegger fue mortificación metafísica. Pero así sea la “angustia de Abraham” que atormentó a Kierkegard, o el espectro del desamparo que es el único espacio en el que el hombre decidirá de sí mismo, según la concepción existencial; es la muerte el valladar, el límite de toda contradicción filosófica.