Por Gnosis Rivera

En conversaciones recientes con amigos se puso de manifiesto un debate sobre cómo salir del atolladero de nación en donde nos metieron – ¿nos metimos?-.  La discusión dejó claro dos puntos que, aunque parecían contrarios, tenían en común la voluntad de discutir una alternativa de solución.  Mientras una parte defendía la lucha desde las calles, la otra sostenía con pasión que nada debe hacerse fuera de las vías institucionales. Ese concepto, institucionalidad, me ofreció un panorama poco esperanzador, dejando en el aire las siguientes preguntas: ¿Funcionan nuestras instituciones?; peor aún, de hacerlo ¿para quién o quiénes lo hacen? ¿Cómo puede venir el cambio desde instituciones que operan en forma deficitaria?

En mi opinión -y que conste que lamento considerarlo así, porque no es positivo-, es muy difícil que el futuro del país dé un giro importante desde sus instituciones, porque sencillamente el Estado como tal posee fallas estructurales tan profundas que lo convierte, prácticamente, en inoperante. En este punto me refiero específicamente a justicia, cultura, salud, educación, agricultura, y un etcétera que mete miedo y da ganas de llorar.

Por J.C. Malone

Nueva York.- Cuando el FBI “recomendó” no enjuiciar a  Hillary Clinton por su manejo “extremadamente descuidado” de información clasificada, violó un precepto muy importante. Aquí el FBI no decide ni recomienda quien es o no sometido a la justicia, eso siempre lo decide la fiscalía nunca la policía.

Esa “recomendación” permitió que Hillary fuera candidata, los hillaristas la celebraron como una prueba de que ella estaba “limpia”, pero a los republicanos les cayó muy mal.

Ahora el FBI vuelve a violar sus propios protocolos. 

Por Andrés L. Mateo

En la Universidad de La Habana, la profesora Beatriz Maggi nos enseñó a leer a Jonathan Swift, un tipo encojonadísimo, un panfletista y su madre, un despiadado descuartizador de las costumbres, que se burló en forma inmisericorde de la sociedad inglesa de su época. Desde entonces suelo escribir sobre él, cuidándome de salvar las especificidades que, con el correr del tiempo, transformaron su escritura en lo contrario de lo que él se propuso.

Pero siempre vuelvo a Jonathan Swift, porque las palabras deben ser usadas para comprender y explicar, no para controlar y oprimir, y como lo nuestro es haber vivido una historia de azarosas complacencias opresivas, nos ocurre que vivimos con entera “normalidad” toda la atmósfera de dominio absoluto que nos rodea. Es suficiente con enunciar las vejaciones, la ceguera siempre posible del lambón que susurra la conveniencia de continuar en el poder, el amargo de retama del mesianismo, el gobernante mediocre que no alcanza ni siquiera para fingir con propiedad; para darnos cuenta de que el poder tiene una capacidad transformadora de voluntades y principios. La escueta definición de nuestra historia queda clavada, sin ninguna dudas, en esa desgracia recurrente de políticos e intelectuales dominicanos que terminan siendo, en la práctica, lo contrario de lo que dijeron ser.

Por Orlando Gil

TODO LO CONTRARIO.- Enseña la política que cuando la unidad de un partido necesita de un documento firmado a cuatro manos es porque esa unidad tiene problema. ¿A quiénes quieren convencer Hipólito Mejía, Luis Abinader, Andrés Bautista y Jesus -Chu- Vásquez con su comunicado? A ellos mismos, y a nadie más, puesto que los dirigentes y miembros del PRM no conocen -se supone-- situaciones que lleven a pensar en ruptura o fragmentación o nueva división.  A ellos mismos, insisto, pues fue Hipólito Mejía que se juntó con el presidente Danilo Medina en público, sabiendo como sabía que el hecho no pasaría desapercibido y que provocaría comentarios, todos maliciosos o perversos. A ellos mismos, repito, porque no se puede culpar a otros perremeístas de las listas que se inventan o de los nombres que se filtran en relación a la Junta Central Electoral. Seguidores suyos, o de uno o del otro, o de todos. La cotidianidad del partido es un engaño, y el escrito lo confirma. Están diciendo que no, para consumo propio, cuando en la práctica se sabe que sí. Además, hace mucho que ese tipo de papel es moneda devaluada...