Por el Senador Rev. Ruben Diaz 

“Yo deseo dar gracias a la comunidad evangélica, y les voy a decir porque, el repaldo que ellos me han dado, y no estoy seguro que me lo merezco, ha sido increible y es una de las razones más grande del porque yo he llegado hasta aqui esta noche.  Ellos, los evangélicos han contribuido mucho a nuestra agenda pública.” 

Usted debe saber que esas fueron las palabras de Donald Trump, durante su discurso de aceptación como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, ante millones y millones de televidentes a travez no solo de los Estados Unidos, sino que a travez del mundo entero.

Por Gnosis Rivera

¡Yo me resisto! Me niego a conformarme con lo que ocurre. En lo personal, lo único que me ha salvado son las utopías. Por ellas veo escuelas de arte en todos lados, veo centros de psicología comunitaria.

Me hace gracia imaginar la utopía como a una chica grácil y atractiva, que nunca envejece y que te mira con una sonrisa a medio construir, de esas que invitan a reírte aunque no tengas claro del porqué te ríes.

Por Andrés L. Mateo

Soy un espectador sentado frente al televisor, he visto solo una lengua de fuego inflamando la noche en la distancia, y pequeñitos seres que se mueven como bombillitos de navidad.

Creo que fue Heidegger quien habló de “la realidad humana”, asumiendo un concepto que la filosofía existencialista problematizaría muchos años después. “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”-diría luego Jean Paul Sartre- saltando el cerco de la razón y bordeando lo que en Heidegger fue mortificación metafísica. Pero así sea la “angustia de Abraham” que atormentó a Kierkegard, o el espectro del desamparo que es el único espacio en el que el hombre decidirá de sí mismo, según la concepción existencial; es la muerte el valladar, el límite de toda contradicción filosófica.

POR ORLANDO GIL

DE POCAS PALABRAS.- A David Collado no hay que sacarle las palabras con cucharita, pero no es un hombre de mucho hablar, o por lo menos no comparece con frecuencia en los medios, como la mayoría de los políticos.

Conviene, pues, rastrear sus intervenciones, ya que permiten hallazgos interesantes: perlas de indudable valor o datos para su biografía. Él no lo sabe, pero es un verdadero desconocido, y posiblemente en lo que se dice de él haya más fábula que realidad. Culpa suya, y no del tiempo ni de España. Por ejemplo, en el último número de la revista Mercado aparece una entrevista de lo más reveladora.