Por Gnosis Rivera

Soy mujer y soy persona, antes, durante y después. Todo el tiempo soy mujer y que me baste con eso para ser. No quiero ser excusada, ni aceptada, ni respetada, ni validada por ser mujer. Porque soy persona, y no necesito ser disculpada. Nuevamente me hago presente, logro mi espacio, con mi voz interna, con grito o con susurro, y no tendré que ser aceptada, porque llego y haré, y que me baste con eso para ser aceptada. 

No me obsequies respeto por ser mujer. Soy persona. El respeto que me tengas habla más de ti que de mí, que puedes llegar a pensar que ni lo merezco, que debo hacer cosas para ganármelo. Soy persona y soy mujer, y que me baste con eso para ser respetada, aun cuando tenga pendiente la tarea de reencontrarme con mi propio respeto. No me evalúes, no me valides. No soy tarea o asignatura, no soy un auto que va en prueba. No me interesa el monto que me has otorgado. No me define. Soy de valor, no de precio. Soy persona y mujer, y que me valga con eso para ser valiosa. No conoces mi historia, más aún, has hecho con ella cuanto has querido, por tanto, no me juzgues.

Por Manuel Hernández Villeta

Los sectores de oposición tienen que comenzar a tejer su destino propio. Se encuentran en la obligación de tener un discurso que llegue a la mayoría de los dominicanos, sin bailar la danza que le toquen desde el sector oficial. La repostulación  va a normar todo el camino político nacional en los próximos meses.

Pero ser contrarios a una re postulación, no conlleva que se dejen fuera otros temas. Si no hay discurso propio, es difícil que la oposición pueda avanzar. Su principal tarea debe ser lograr un gran frente nacional. Tienen un punto que los aglutina, a pesar de sus diferencias, y es impedir el continuismo.

Por Carlos McCoy

Ya han pasado varias elecciones en la gran manzana donde, después de conocer los resultados desfavorables al candidato dominicano, comenzamos a buscar a los culpables de la derrota.

Si seguimos por esos derroteros vamos a seguir cosechando los mismos resultados.

Por Manuel Hernández Villeta

Los discursos de rendición de cuentas de los 27 de febrero levantan gran pasión. Después  la revolución del 1965 el tema de la reelección es la gran expectativa en esa pieza oratoria. El  de este año fue una buena presentación, pronunciado en momentos en que el debate político central es en torno a una eventual reelección.

Sin pregonarlo a todos los vientos, el presidente Danilo Medina presentó un cuadro de que él ve necesario el continuismo. Tal vez dio mayor importancia a lo que resta por hacer que a lo que ya se trabajó. Se presentó como un presidente de fondeo, que necesita largo tiempo para ejecutar su obra. El discurso tejió el mensaje reeleccionista.