Por Nestor Ramirez

El 12 de agosto El Pueblo dominicano, hombres y mujeres comprometido con el honor y la dignidad de la patria marcharon en contra de la corrupción que viene degradando la sociedad dominicana en los gobiernos que se han sustituido en el poder en los último veinte años.

 En particular los dos últimos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Por Rodolfo R. Pou

Tres. Dos. Uno.

Las diásporas siempre han tomado la ruta menos transitada. Incluso, aquella que, a pesar de ceder una dirección hacia lo nulo, para ellos y su ambición, el trazo representa el punto idóneo de partida. Comenzar desde cero. No menos cierto lo es para la nuestra, aquí en los Estados Unidos.

Desde que entablé mis “Conversaciones con la Diáspora”, hace poco menos de dos años, he interactuado de manera individual con docenas de dominicanos aquí en el Estado de la Florida. Creí en un momento poder llegar a una historia única. A una novela común entre ellos. Pero no ha sido así. Cada historia que he escuchado, resulta ser una intensa e ilustrativa leyenda. Cada experiencia dictada desde sus labios, una gran enseñanza de perseverancia y voluntad. Todas, producto de las directrices de una imaginaria tabla de ouija emocional y mental, que solo pudo ser instruida por las necesidades del alma.

Por Juan Bolivar Diaz 

Recientes publicaciones aseguran que el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) trata de lograr apoyo para una reforma que haga efectiva la protección de la profesión del periodismo asediada por la incursión de mercenarios y hasta sicarios de la palabra hablada y escrita y por la corrupción que circula por el sistema sanguíneo nacional en medio de un panorama caracterizado por la ausencia de ética de la comunicación.

Hay razones para temer que a los periodistas dominicanos se nos hizo un poco tarde para las legítimas regulaciones del ejercicio profesional, no para limitar la libertad de prensa como aún entienden algunos confundidos de buena fe y muchos que limitan a una absoluta libertad de empresa.

Por Rodolfo R. Pou. 

En las recientes semanas, políticos, activistas y comentaristas, residentes en nuestra nación dominicana, junto a unos megáfonos ciudadanos, contradictorio a lo episódicamente natural, han hecho de su capacidad de portavoces autorizados, el responsable llamado de alerta, advertencia y consejo, al adeudo ejecutivo, la cordura legislativa y la responsabilidad cívica. Un meritorio clamo que inusualmente nos detenemos a distinguir. Los hubo congresistas, funcionarios gubernamentales y ciudadanos empoderados, cuyo trabajo, participación y trayectoria, les ha cedido el derecho de poseer un micrófono social, y a su vez, ser escuchados. Pero a ellos regresaremos más adelante.

 Lo que sucede es que, no todo llamado o denunciante, es legítimo. Durante décadas, y porque no, hasta hoy mismo, los “entren todos”, “cállese la boca” y el “lo echó fuera del cajón” han resonado más en nuestras mentes, que las declaraciones sensatas y responsables de cualquier micrófono. No menos cierto ha sucedido recientemente en la política norteamericana, donde su actor principal, se vale más del asombro del mensaje que proyecta, que la importancia del mismo. Y para alimentar esa realidad, acusaciones han surgido esta misma semana, advirtiendo sobre despido de periodistas criollos, para ser substituidos por altoparlantes, capaces de generar audiencia y proyectar propaganda intencionada y controlada, validando con ello, esa resonancia. No crean que aquí en la diáspora ha sido menos cierto ese ejercicio.