Por Nemen Hazim Bassa

Francisco Caamaño Deñó, Rafael Fernández Domínguez, Manolo Tavárez Justo, Maximiliano Gómez, Amín Abel, Otto Morales, Homero Hernández, Amaury Germán Aristy, Heberto Lalane José y todos los demás que se inmolaron por un mejor país fueron el producto de su época.

Una producción televisiva y la realidad social actual se han entrecruzado para permitirnos la elaboración del presente ensayo: el trabajo que viene desarrollando Alicia Ortega por SIN (Servicios Informativos Nacionales) sobre nuestros grandes mártires y héroes y la apatía que muestra la sociedad dominicana frente a la corrupción que ejercen quienes administran el Estado y la impunidad con la que se exhiben, de manera festiva e indolente, ante un conglomerado que se evidencia incapaz de luchar por lo que le pertenece, normado por el pernicioso esquema de que lo que están haciendo los que hoy detentan el poder será lo que muchos de sus integrantes harán cuando la oportunidad se revele en el umbral de sus casas (la plena degradación orquestada por teóricos depauperados, formados en un partido -“nuevo en América“- bajo la tutela de uno de los grandes maestros de la sociopolítica, para, precisamente, extirpar de raíz los grandes vicios con los que ha vagado la colectividad, completamente influenciada por la preponderancia de una nociva pequeña burguesía y su siniestro accionar en el proceso de escalamiento de capas, convertido hoy, por su prolífico desempeño, en “valor moral”).

 

Por Rodolfo R. Pou 

En un reciente intercambio entre criollos y binacionales que vivimos fuera de la isla, opiné que, “vivir en el extranjero, no nos exonera de las incertidumbres o esperanzas de nuestra nación dominicana. Como tampoco de su desarrollo o carencias.” Fallo que surgió de una mayor inquietud. Pues, los miembros de las diásporas dominicanas alrededor del mundo, nos preguntamos con regularidad, ¿Cómo dominicanos, físicamente ausentes, que leyes nos representan?

Por Emilia Santos Frias

Como seres humanos, personas individuales y en colectividad,  demandamos con frecuencia nuestros derechos, al constatar que nos son vulnerados. Ejercemos esa ciudadanía que no asiste, pero no siempre cumplimos con nuestros deberes. Allí es donde hoy queremos hacer hincapié en estas líneas.

La República Dominicana ha logrado avances en ese sentido, al menos tenemos una Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable, así como una Unidad de Protección Animal, regida por el Ministerio Publico, la que realiza una labor excelente, al estar regida por una profesional que durante décadas demandó estos avances. Una genuina protectora que desde las Asaciones sin fines de Lucro (ASFL) de nuestra nación, clamó para que el derecho animal sea salvaguardado.

Por Manuel Hernández Villeta

El parlamento dominicano lo manejan a su antojo cinco o seis hombres. Son los cabezas de tendencias de partidos políticos, que tienen en sus manos mover las vigas que tienen peso en el Congreso. Nada se aprueba o rechaza sin la voz de manda de los jefes políticos.

Hay proyectos de leyes y resoluciones que no tienen la mayor importancia y se deja a los congresistas a la libre, pero cuando se trata de puntos de importancia nacional, sólo están para levantar las manos.