Yo le creo al periodista

Opinión
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POR LUIS BRITO

La credibilidad de un periodista no se juzga por lo que un enfadado abogado pueda decir sobre un comunicador que al parecer lo ha expuesto públicamente entre la ética y la moral, en lo que debería ser el sagrado desempeño de la profesión en los tribunales.

El ejercicio del periodismo se mide por lo que de manera consistente publique un comunicador, la objetividad con que enfoca las noticias y el interés de los temas sobre los cuales escribe.

Hace tiempo que trato al periodista Omar Medina, nuestro corresponsal en Barahona, y de él conozco un ejercicio profesional apegado a la ética, defensor innegociable de los mejores intereses de su querida comunidad, y apasionado porque la verdad resplandezca a través de las informaciones que difunde en los medios de comunicación.

Su agudeza periodística le comprometió a dar seguimiento a un inusual y extraño caso de un abogado, que luego de provocar el apresamiento de varias personas, sorprendentemente se convirtió en su abogado defensor, como si fuera de honor “estar con Dios y con el Diablo” a la vez.

Vivimos tiempos de una podredumbre moral, donde la ética y la decencia ruedan por el suelo, y lo peor es creer que todos estamos convidados a jugar el corrosivo juego de la indecencia y la inmoralidad. Nunca será así.

Aquellos que borrachos de poder político, sintiéndose apadrinados por autoridades igualmente irresponsables, deben de saber que si no encuentran consecuencias institucionales de sus malos actos, tendrán que pasar el cedazo moral de una parte de la sociedad que todavía no se rinde y quiere lo mejor para su país.

El periodista Medina hizo lo correcto al enterar al país de un hecho que a él le pareció incongruente, confuso y hasta enmarañado.

Nadie, por ejemplo, se imagina ver a un Vincho Castillo sirviendo de abogado defensor a un narcotraficante que él mismo provocara su apresamiento y posterior enjuiciamiento.

Consistencia y coherencia en lo que se predica como profesional estará siempre en el ojo de la gente decente de este país.

El buen periodismo tiene sus riesgos, pero vale la pena cuando se ejerce aferrado a los mejores intereses del pueblo, que es lo que ha hecho el amigo y colega Omar Medina.

Adelante el periodismo sin temor.

 

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