Venezuela con dos presidentes, un limbo político

Opinión
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Por Levis Suriel

Desde el 23 de enero de este 2019, Venezuela literalmente tiene dos mandatarios, Nicolás Maduro, electo en unas votaciones cuestionadas y Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino. En medio de ellos está el pueblo atrapado en las precariedades, atravesando por la inestabilidad y la incertidumbre que al parecer no va a terminar por ahora.

Cualquiera pensaba que la autoproclamación de Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), en lo inmediato tomaría  algún tipo de acción para desalojar a Maduro del poder, o Maduro iba a frenar a Guaidó, pero así no ha sido.

Maduro, se ampara en los militares y los chavistas leales, mientras Guaidó cuenta con sectores de la oposición, Estados Unidos y los países que lo reconocen como presidente.

Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 3.4 millones de venezolanos, han abandonado su país, de ese total un aproximado de 2,7 millones de migrantes se fueron a países latinoamericanos y del Caribe, la mayoría a la vecina Colombia, seguido de Perú, Chile, Ecuador Argentina y Brasil.

Medios internacionales  han publicado que desde el año 2014, se han presentado unas 390,000 solicitudes de asilo, y sólo en el 2018 se hicieron 232,000 peticiones.

Los migrantes y refugiados venezolanos tienen como característica, que los que poseen recursos económicos se van hacia los países desarrollados mayormente a Estados Unidos, mientras los pobres se van a Latinoamérica y el Caribe, sobre todo a la República Dominicana.

Lo cierto es que Nicolás Maduro, no ha podido hacer un buen gobierno, pero también hay que entender que la oposición no le ha dado tregua, y por consiguiente no lo ha dejado gobernar.

 Otro asunto que obra en contra del régimen de Maduro, es que tiene la opinión pública en su contra. Medios opositores de Venezuela y cadenas nacionales e internacionales de otros países, regularmente presentan una sola cara de la noticia destacando casi siempre los aspectos negativos de su gobierno.

Venezuela es un país inmensamente rico, con vasto territorio, recursos naturales, capital humano y la reserva petrolera más grande del mundo, con una dilatada capacidad de hasta 100 años, según los expertos. Muchos analistas concluyen en que su punto débil ha sido no haber desarrollado su economía y la capacidad de producción fuera de las bondades de su “oro negro”, dependiendo mayormente de las divisas que genera la venta del petróleo.

Tanto es así que la tasa de inflación interanual calculada entre enero del 2018, y enero del 2019, se ubicó en 2, 688,670% esto conforme a datos ofrecidos por la Asamblea Nacional, de mayoría opositora que ha publicado además que Venezuela padece una hiperinflación donde los precios crecen un 3.5% cada día.

Aparte de la hiperinflación que afecta a esa nación,  también se suman otros males sociales como la corrupción que conforme a Transparencia Internacional, y su informe sobre el índice de percepción de la corrupción, Venezuela y Nicaragua son percibidos como los países más corruptos en América Latina, el año pasado ese país ocupó el primer lugar en la clasificación de los países más violentos de América Latina. El país cerró el 2018 con una tasa de 81,4 homicidios por cada 100,000 personas una cifra que lo coloca como el más violento de la región por encima del Salvador y Honduras, con un total de 23,047 personas asesinadas según datos recopilados por el “Observatorio venezolano de violencia”.

Venezuela, desde el mandato de Hugo Chávez, viene pasando por una profunda división política, a tal punto que los chavistas de ese entonces le empezaron a llamar “escuálidos” a los opositores y estos “Boliburgueses” a los empresarios y funcionarios afectos al régimen, que habían hecho fortunas con el petróleo y la política.

Ahora la división ha traspasado las fronteras del país sudamericano y ha llegado a otras naciones que se alinearon con la Organización de Estados Americanos (OEA), en una resolución aprobada el 10 de enero de este año 2019, mediante la cual no se reconoce la legitimidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro y llama a celebrar nuevas elecciones.

Esa resolución fue respaldada por Argentina, Bahamas, Canadá, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Haití, que Maduro tanto defendió llegando incluso a decir; “El que se meta con Haití se metió con el pueblo venezolano”, ese país le dio la espalda en la OEA.

La República Dominicana, beneficiaria al igual que su vecino Haití, con el programa de facilidad petrolera conocido como “Petrocaribe”, también se le volteó a Venezuela y desconoció a Maduro.

La situación es tal en la República Dominicana, que hoy día cuenta con técnicamente dos embajadores de Venezuela, Alí de Jesús Uzcátegui, del gobierno de Maduro y Eusebio Carlino Linares, quien al momento de esta publicación aún no había sido reconocido por el Gobierno Dominicano.

El pasado 27 de febrero, en el Congreso Nacional, un acto de desbordamiento emocional que algunos consideraron como “bochornoso”, protagonizado por los periodistas Consuelo Despradel, julio Martínez Pozo, Euri Cabral y Melton Pineda, mientras hacían una transmisión radial, dejó ver que el conflicto político de Venezuela, tiene su réplica por lo menos en ese equipo de comentaristas. Todo empezó cuando llegó Uzcátegui, a quien Pozo le gritaba que ya no era embajador, mientras Despradel voceaba “que viva Guaidó”, y Pineda le decía “abusadores”.

Actualmente en torno a Nicolás Maduro y Juan Guaidó, hay una especie de choque entre potencias, mientras Estados Unidos y sus aliados respaldan a Guaidó, Rusia y China, apoyan a Maduro y eso al parecer ha dilatado la solución del conflicto, que puede ser la salida de Maduro y la convocatoria a elecciones o un posible uso de la fuerza militar norteamericana que aunque se ha mencionado, por el momento no parece ser una opción razonable.

El autor es Diputado de Ultramar  y dirigente del partido de la Liberación Dominicana (PLD)

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