La dominicana, una sociedad sin redentores

Opinión
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Por Nemen Hazim Bassa

Francisco Caamaño Deñó, Rafael Fernández Domínguez, Manolo Tavárez Justo, Maximiliano Gómez, Amín Abel, Otto Morales, Homero Hernández, Amaury Germán Aristy, Heberto Lalane José y todos los demás que se inmolaron por un mejor país fueron el producto de su época.

Una producción televisiva y la realidad social actual se han entrecruzado para permitirnos la elaboración del presente ensayo: el trabajo que viene desarrollando Alicia Ortega por SIN (Servicios Informativos Nacionales) sobre nuestros grandes mártires y héroes y la apatía que muestra la sociedad dominicana frente a la corrupción que ejercen quienes administran el Estado y la impunidad con la que se exhiben, de manera festiva e indolente, ante un conglomerado que se evidencia incapaz de luchar por lo que le pertenece, normado por el pernicioso esquema de que lo que están haciendo los que hoy detentan el poder será lo que muchos de sus integrantes harán cuando la oportunidad se revele en el umbral de sus casas (la plena degradación orquestada por teóricos depauperados, formados en un partido -“nuevo en América“- bajo la tutela de uno de los grandes maestros de la sociopolítica, para, precisamente, extirpar de raíz los grandes vicios con los que ha vagado la colectividad, completamente influenciada por la preponderancia de una nociva pequeña burguesía y su siniestro accionar en el proceso de escalamiento de capas, convertido hoy, por su prolífico desempeño, en “valor moral”).

“Gigantes en el Tiempo”, una realización que honra la integridad, el compromiso, la determinación y el sacrificio de hombres como Amín Abel Hasbún, Amaury Germán Aristy, Otto Morales, Maximiliano Gómez (El Moreno), Orlando Martínez, Florinda Soriano (Mamá Tingó) y Francisco Caamaño Deñó (en “El Desembarco de Playa Caracoles”, junto a Hamlet Hermann, Alfredo Pérez Vargas, Claudio Caamaño, Ramón Holguín Marte, Ramón Payero Ulloa, Toribio Peña Jáquez, Mario Galán y Heberto Lalane José, también merecedores de la misma cota de gratitud en términos personales) -y que con toda seguridad exaltará a Rafael Fernández Domínguez, Manolo Tavárez Justo, Homero Hernández Vargas, Juan Miguel Román, Guido Gil, Henry Segarra, Flavio Suero, Baldemiro Castro, Gregorio García Castro, Eugenio Perdomo Pérez, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), Ulises Cerón Polanco, Manfredo Casado Villar, Orlando Mazara y muchos más que escapan a la memoria-, nos ha transportado a tan sufridos y sangrientos episodios vividos mientras cursábamos la carrera de Ingeniería Electromecánica en una Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) consciente, combativa y garante de los más sublimes intereses de la nación, encarnados por lo mejor que ha parido la patria de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón: hombres y mujeres que batallaron con la férrea voluntad de hacer de República Dominicana una tierra próspera, educada y culta, de libertad y justicia social, libre de sátrapas y apocados absolutistas al servicio de la oligarquía, pero a la vez dispensada de corruptos y farsantes en el ejercicio del poder político.

Tan extraordinaria y sensible producción viene realizando SIN -de la mano de Fernando Hasbún y Alicia Ortega, auxiliados por testimonios de familiares y amigos de los venerados; de Juan Bolívar Díaz, Andrés L. Mateo, Huchi Lora…; y de Rafael (Fafa) Taveras, Narciso Isa Conde, Rafael Chaljub Mejía… [sobrevivientes que encarnan idénticos atributos y que en su momento tendrán que ser enaltecidos (¡por qué no ahora, en vida!)]- que nos vimos estimulados a crear una pestaña dentro de nuestra página (Foro de Nemen Hazim) que lleva por nombre “Grandes revolucionarios dominicanos“, iniciada con los “Asesinados durante los doce años de terror y muerte del régimen que encabezó Joaquín Balaguer (1966-1978)“. Las informaciones que la nutren proceden de escritos de Ángela Peña, Elsa Peña Nadal, Narciso Isa Conde, Fafa Taveras, Rafael Chaljub y otros, mientras los vídeos han sido tomados de YouTube con el debido reconocimiento de los créditos. Elsa Peña, quien fuera esposa y compañera de lucha de Homero Hernández, nos ha facilitado información valiosa; Carmen Mazara, también esposa y compañera de lucha (de Maximiliano Gómez), se ha comprometido a proporcionarnos información preciada acerca de quien una vez fuera la cabeza principal del Movimiento Popular Dominicano (MPD), organización que históricamente comparte con el 14 de Junio (1J4) los más nobles ideales patrióticos, la vanguardia en las movilizaciones de masas y el más elevado ejemplo de arrojo y altruismo en el fervoroso ejercicio de defensa de la soberanía y por la integridad y pulcritud que deben regir la patria.

El grado de corrupción que Leonel Fernández y Danilo Medina han sembrado en las estructuras de poder durante sus infaustas gestiones, al que se han sumado, con aparente beneplácito, el abandono y la podredumbre social, se ha visto coronado con la acusación que acaba de hacer el procurador general, Jean Alain Rodríguez, contra siete de los implicados en el caso Odebrecht (incoada contra Ángel Rondón, Víctor Díaz Rúa, Conrado Pittaluga, Andrés Bautista, Tommy Galán, Roberto Rodríguez y el exsenador Jesús Antonio Vásquez). Respecto a César Sánchez, Bernardo Castellanos, Temístocles Montás, Julio César Valentín, Máximo De Oleo, Alfredo Pacheco, Radhamés Segura y Ruddy González, el procurador declaró que “no ha encontrado evidencias suficientes” (por lo que decidió archivar sus expedientes). Odebrecht, un consorcio brasileño presente en varias naciones, fue acusado por la Policía Federal de Brasil de liderar un “cartel” de lavado de dinero, sobornos y evasión de impuestos que financiaba las campañas electorales de políticos en ese y otros países (incluyendo República Dominicana). Joao Santana, principal asesor de campaña de Danilo Medina, que accionaba desde un despacho en el mismo Palacio Nacional, fue condenado, en la tierra que Américo Vespucio bautizó como “Mundus Novus”, a ocho años de prisión por sus vínculos con la red de corrupción.

En República Dominicana, con un entramado que funcionaba en las mismas narices del primer ejecutivo, no hay un solo preso; las partes involucradas y la Procuraduría General reconocieron sobornos en el orden de los 92 millones de dólares (cerca de 4 mil 500 millones de pesos); dentro del grupo de inculpados no hay una sola de las figuras políticas afines a la tendencia de Danilo Medina, bajo cuyos mandatos se han refrendado los más suculentos contratos -incluyendo el de la construcción de la central a carbón de Punta Catalina, estipulado con una sobrevaloración que oscila entre los 336 y 480 millones de dólares [15 y 21 mil millones de pesos, según evaluación que hiciéramos con datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) para la fecha de la firma]-; Temístocles Montás, otrora alto funcionario y aún miembro del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), afirmó haber recibido dinero de parte de Ángel Rondón para financiar las campañas electorales de su partido (señalando que los que firmaron contratos con Odebrecht fueron Víctor Díaz Rúa, Gonzalo Castillo, Radhamés Segura, Vicente Bengoa, Ing. Mariano Germán, Simón Lizardo y Daniel Toribio)… Con cuadro tan explícito, que evidencia con asombrosa precisión el grado de corrupción asociado a los sobornos de Odebrecht, el procurador pretende que validemos sus desafortunadas palabras, que, como magistralmente las describiera Andrés L. Mateo, “valen menos que el peo de un burro“.

“La evidencia no requiere de evidencia”; los congresistas del PLD y del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no aprobaron la modificación a la Constitución -para facilitar la reelección al presidente Medina- como un gesto fidedigno de abnegación y filantropía. “El dominicano que se atreva a creerlo debe revisarse, como también debe revisarse si acepta como genuinas las victorias del PLD en la últimas dos elecciones”; pero resulta que la mayoría lo cree. Y no sólo lo cree, tampoco le interesa inmiscuirse en investigaciones ni objeciones de ninguna índole que la desvíen de su principal y único propósito: escalar la capa superior, dentro de la estratificación social de clases, sin importar los procedimientos a los que deba apelar (precisamente lo que los políticos enquistados en el poder han convertido en frecuente desempeño). El comportamiento de la sociedad dominicana de hoy es uno singular; nunca antes el pueblo había claudicado ante sus opresores, quienes abusan de la autoridad para robarle su comida, su salario, su salud, su vivienda… ¿Qué reacción puede esperarse de quienes son saqueados con vulgaridad espantosa? Ninguna; las épocas rigen comportamiento y proceder. Con una sociedad deformada hasta la médula, e integrantes tan aturdidos y abúlicos, sonsacados con las nuevas tecnologías de la comunicación y arrebatados por la vulgaridad y la intrascendencia, se hace prácticamente imposible esperar el resurgimiento de los grandes hombres que dieron lustre a las luchas por una patria digna.

Francisco Caamaño Deñó, Rafael Fernández Domínguez, Manolo Tavárez Justo, Maximiliano Gómez, Amín Abel, Otto Morales, Homero Hernández, Amaury Germán Aristy, Heberto Lalane José y todos los demás que se inmolaron por un mejor país fueron el producto de su época: los estudiantes de la UASD y los liceos se movilizaban en las calles haciendo suyos los padecimientos del ciudadano común, que a la vez creaba conciencia y se adhería frontalmente a las luchas, sin miedo, con pleno conocimiento de las atrocidades que cometía el aparato represivo del Estado al servicio de la oligarquía; la prensa estaba a la vanguardia para denunciar los atropellos; la música y otras expresiones culturales acariciaban la desventura y la convertían en atractivos y sutiles gritos de guerra que refulgían en ojos y oídos como obras de arte… La conciencia, los valores éticos y morales y el sentimiento generalizado de que sólo enfrentando la perfidia y los desafueros se podrían lograr cambios en la forma de conducir el Estado forjaron el desprendimiento y el temple de estos mártires y héroes. La negligencia, la ordinariez, el individualismo y la falta de amor a la patria, que se exhiben hoy como normas y costumbres que representan la forma correcta de actuar dentro de la sociedad, la imposibilitan para parir “Coroneles de Abril y Caracoles”, “Militares del Pueblo y Soldados de la Libertad” o “Gigantes en el Tiempo”.

 

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