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Los niños del cementerio “buscan vida en el descanso de los muertos”

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Por Estefania Garcias

SAN CRISTÓBAL.- El dolor de muchas familias es la alegría de ellos, y es que para los niños del cementerio, la “vida” empieza detrás del fallecimiento de algún ser humano. La inocencia no les deja tener miedo, y la necesidad no les permite darse cuenta de las bacterias y enfermedades a las que se exponen cada día.

Chiquitín, Juancito y Luisito, (nombres ficticios) de 11, 12 y 14 años, respectivamente, son apodados los niños de la muerte, debido a que la mayor parte de su tiempo están en el cementerio de Sainaguá, en San Cristóbal.

A veces deambulan descalzo a la espera de que alguna familia vaya a dar el último adiós a su ser querido, es ahí donde ellos, los “busconcitos”, se acercan para preparar la morada santa, o simplemente ofrecer el servicio de limpieza de tumbas.

Tras ser sorprendidos en plena labor de acondicionamiento de un nicho, estos adolescentes aseguraron disfrutar su trabajo, pues de esta manera pueden ayudar a sus padres en el sustento del hogar.

Chiquitín explicó que desde que tenía aproximadamente 9 años se dedica al trabajo en el cementerio, siguiéndole los pasos a su abuelo. Sus ojos café irradiaban una inocente felicidad, mientras manifestaba que le gusta trabajar porque “se gana bien”, con lo cual puede ayudar a su madre con la comida y los gastos del hogar.

Detalló que los días más productivos para ellos son: el “Día de la Madre”, “Día del Padre” y el “Día de los fieles difuntos” o “finao” como se le conoce popularmente.

“Esos días uno hace entre dos mil 500 y dos mil 900 pesos”, indicó Chiquitín, seguido de una tierna sonrisa.

De su lado, los hermanos Juancito y Luisito, quienes son portadores de falsemia, manifestaron que para ellos es casi una obligación trabajar, pues tienen que comprar ácido fólico y otros medicamentos para el tratamiento de la enfermedad que los aqueja, mal que, según explicaron les impide el crecimiento y normal desarrollo de sus extremidades.

Luisito, el mayor de los dos, expresó cabizbajo que, en varias ocasiones, han sido sacados del cementerio por miembros del Ayuntamiento municipal, pero que el guardián del camposanto les permite la entrada nueva vez.

“Algunas veces nos dicen que guardemos la coa, pico y las palas cuando veamos a las personas del Ayuntamiento, para que no nos vuelvan a sacar, porque con este trabajo es que nos ganamos la vida”, revela chiquitín.

Dijo que dedicarse esta labor no le impide ir a la escuela, tras asegurar que asiste diariamente, en horario vespertino.

Los menores indicaron que ellos no son los únicos niños que trabajan en la tumbas, sino que, como ellos, decenas de menores ayudan a sus padres con los gastos del hogar, a través de las ganancias que obtienen.

Compromete su salud mental

Negaron que su vida emocional se vea afectada por este tipo de trabajo, porque lo ven como una manera de ganarse la “vida”.

Sin embargo, la psicóloga y terapeuta familiar y de pareja, Lorraine Isa, afirma que el trabajo infantil trae consecuencias negativas independientemente del lugar en el que se realice.

Manifestó que la salud mental de un niño que trabaje en un cementerio puede entrar en riesgo al experimentar situaciones para las que no está psicológicamente preparado.

“El hecho de un niño estar constantemente expuesto a las emociones intensas que viven los familiares de un difunto, sin que se les explique y sean contenidas sus propias emociones, puede crear sentimientos de angustia, tristeza, confusión y vacío que deben ser intervenidos adecuadamente para evitar que se conviertan en una depresión infantil”, resaltó Isa, quien también es especialista en intervenciones en psicoterapia.

La especialista en temas de salud mental indicó que un niño que dedique sus días a cumplir responsabilidades que le corresponden a los adultos no vive la infancia de la manera en que todo niño tiene derecho a vivir.

“No recibe la escolaridad que necesita para desarrollar sus capacidades intelectuales y habilidades artísticas, no tiene tiempo de relacionarse con sus iguales y recrearse a través del juego y actividades en las que pueda desenvolverse libremente y no se relaciona afectivamente con sus padres, quienes son los adultos responsables de que logre un desarrollo adecuado de su identidad”, detalla.

Otra consecuencia negativa que viven los niños sometidos a realizar labores no correspondientes a su edad, agrega Isa, es el hecho de que se compromete su integridad física, sobre todo cuando la labor requiere un esfuerzo físico mayor del que puede soportar.

Pone en riesgo su salud física

Pero este tipo de trabajo no solo afecta la salud mental de los infantes, sino que además su salud física se ve comprometida.

De acuerdo al jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral, Jesús Feris Iglesias, el trabajo como obreros en cementerios podría causar problemas respiratorios y accidentes oculares, específicamente cuando se tiene contacto directo con cemento, arena, y otros materiales que levantan polvo, por lo que recomienda el uso de mascarillas y lentes de protección.

Pese a esta recomendación de cuidado, Feris Iglesias reconoce que el trabajo infantil debe ser penalizado y sugiere hacer la denuncia a los departamentos correspondientes, amparados en el artículo 34 de la Ley 136-03, del Código del Menor de la República Dominicana, que reza: “Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la protección contra la explotación económica. El Estado y la sociedad deben elaborar y ejecutar políticas, planes, programas y medidas de protección tendentes a erradicar el trabajo de los niños y niñas, especialmente los definidos como peores formas de trabajo infantil. La familia debe contribuir al logro de este objetivo”.

El pediatra infectólogo agrega que “en tumbas cerradas, al igual que cavernas húmedas, las enfermedades por hongos pueden afectar a las personas y debemos pensar en esto cuando presentan problemas respiratorios”.

Trabajo infantil en cifras

Este Día Mundial contra el Trabajo Infantil (12 de junio) encontró a República Dominicana con mucho trabajo por realizar. Datos de la encuesta ENHOGAR-MICS de 2014 indican que el 12.8% de todos los niños y niñas de 5 a 17 años son víctimas de trabajo infantil, es decir alrededor de 320 mil niños y niñas trabajan en actividades prohibidas para su edad y desarrollo.

Según Rosa Elcarte, representante de UNICEF, una parte importante de estos niños se encuentra en el trabajo agrícola, unas veces para terceros y otras para la propia familia que vende su producción. Otros en pequeños comercios, frecuentemente informales, de familiares o conocidos, y en el trabajo doméstico en casa de terceros. Esta última actividad puede acarrear importantes riesgos como abuso sexual o explotación laboral, alerta Elcarte.

De acuerdo a la Encuesta ENHOGAR 2009-2010, el 56% del total de la población en trabajo infantil realiza actividades consideradas peligrosas.

En tanto que, a nivel mundial, 152 millones de niños entre 5 y 17 años son víctimas del trabajo infantil; casi la mitad, 73 millones, están en situación de trabajo infantil peligroso, según el informe “Estimación mundial sobre el trabajo infantil: Resultados y tendencias, 2012-2016”.

El estudio detalla que casi la mitad de los 152 millones de niños víctimas del trabajo infantil tienen entre 5 y 11 años; 42 millones (28%) tienen entre 12 y 14 años; y 37 millones (24%), entre 15 y 17 años.

Explica que de los 152 millones de niños en situación de trabajo infantil, 88 millones son varones y 64 millones son niñas.

Campaña de 2018 para erradicar el trabajo infantil

Este año, el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) trabaja bajo el tema Generación “segura y saludable”.

Además, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil y el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo se unen en una campaña conjunta para mejorar la seguridad y la salud de los trabajadores jóvenes y poner fin al trabajo infantil.

La campaña tiene como objetivo acelerar la acción para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8, en particular la meta 8.8 de promover entornos de trabajo seguros para todos los trabajadores para 2030 y la meta 8.7 de poner fin a todas las formas de trabajo infantil para 2025.

 

 

 

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