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Sun, May

Flor de Azúcar

Editorial
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Si un valor indudable tiene la película Flor de Azúcar, de Fernando Báez, es  la exposición desde enfoques tan variados, del país interior, con sus montañas, sus saltos de agua dulce, la Isla Saona  y su paradisíaco ambiente marino, sus paisajes mineros y sus ecosistemas boscosos, fotografiados por dos maestros de la cámara (el propio director) y Claudio Chea, probablemente el mejor de todos cuantos ejercen el oficio de captar las imágenes en movimiento.

Báez desarrolló en la fase de pre-producción, una ubicación de las locaciones que se despliegan en este drama social y personal,  inspirado, en una versión bastante libre y en el cuento del profesor Juan Bosch, La Nochebuena de Encarnación Mendoza.

La evaluación de la película como tal, que inicia hoy viernes su segunda semana en cartelera con buena asistencia del público, corresponde a una crónica que debemos escribir para otro espacio.

La experiencia de Báez haciendo por seis años  el serial de comerciales de  televisión La Imagen Nacional, se aprovecha al máximo – independientemente del juzgar la producción como cine en si misma- dando como resultado un recorrido por ambientes naturales que se constituyen en destinos. Incluyen zonas de la frontera, caídas de agua del Rio Soco, locaciones montañosas en Bonao y otros puntos del Cibao Central y la Isla Saona.

Captar con notable sentido cinematográfico – lo que implica una promoción turística-  estas zonas con tomas de cámara de picado y contra-picado, tomas panorámicas, ángulos de detalle, tomas submarinas y ambientes costeros, es uno  de los parabienes de Flor de Azúcar.

Recomendamos, turísticamente hablando, acudir a las salas de cine a ver Flor de Azúcar.

 

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